Cosas que me llamaron la atención de Buenos Aires

Aunque estuve hace año y medio con Edu ya en Argentina, fuimos de turismo y es como que no había vuelto a mi país, pero ahora que me tiré dos semanas viviendo en Témperley otra vez, me llamaron la atención varias cosas:

1. En Buenos Aires llueve. «Oh, qué boludez» pensarás, pero si llevaras sin ver la lluvia en Madrid ya no sé ni cuántos meses (de verdad, ¿alguien se acuerda cuándo fue la última vez que llovió acá?), el haber vivido cuatro o cinco días de lluvia en apenas 15 días, llama la atención.

2. Además, cuando llueve, llueve bien. No esta lluviecita de mierda que tenemos en Madrid. Cuando en Buenos Aires llueve, es con tormenta, con rayos y truenos y relámpagos y olor a ozono. Llueve como tiene que llover.

3. Los tipos te desnudan con la mirada. Como lleves un short ajustado, listo, te vestiste así para que te piten en la calle. A ver, gente, que estamos en el siglo XXI. No jodas.

4. ¡El helado se come de a cuartos! No me acordaba para nada, ya tras pisar varias veces una heladería, van Fede y Mica y se piden un cuarto de kilo cada uno. ¡Cierto!, ¿cómo se me pudo haber olvidado eso?

5. Y el baño con chocolate es algo habitual en las heladerías. Acá, si vas a una heladería y tienen la opción de bañarlo con chocolate es una cosa sorprendente. Allá TODAS LAS HELADERÍAS tienen el baño. Aprendan, españoles.

6. La gente está acostumbrada a hacer cola. Y a esperar infinitamente. Cola en el banco, cola ante el cajero automático, cola en la panadería, una hora sentados a la mesa antes de que te traigan la comida en un restaurante… Es otro ritmo.

7. Hay librerías en las calles. No hay barrio sin su librería. Vas dando un paseo y te encontrás varias a tu paso. Y no de cadenas, no. Librerías de barrio barrio.

8. Lo que más me enorgullecía, ¡ya no existe! Yo siempre miré a los españoles por encima del hombre, diciéndoles «en Argentina todas las películas son subtituladas. Es una herejía lo que hacéis acá, doblándolas». Pues no. Quisimos ir con mi mamá a ver Green book y, oh, sorpresa, ¡solo la tenían doblada! Al menos, en el cine que quedaba más cerca de casa de mi mamá, en Témperley. En el de Adrogué sí que la tenían en VOSE. Creo que fue la gran desilusión del viaje. Espero que, al menos, las palomitas sigan siendo dulces…

9. Confraternizar con extraños no es raro. Ni despedirte con un beso del tipo del banco al que hacía media hora no conocías pero que te hizo un trámite sin ponerte pegas. Ni entrar a una cafetería a saludar a un conocido y quedarte una hora hablando sin consumir nada. Ni quedarte quince minutos hablando con una chica en la calle que tenía un perrito adorable.

10. «¿Y para qué volviste?». Creo que fue la pregunta que más me hicieron cuando se enteraban que venía de España. En migraciones, el remisero, el que me vino a traer el DNI, el que me tramitó el DNI, uno de los abueletes que gestionaban el museo americanista en Lomas, … Todo quien hablaba dos segundos conmigo me preguntaba, extrañado, para qué había vuelto.

11. Revisión médica completa antes de entrar a trabajar en un sitio nuevo. Se llama «preocupacional» y es obligatorio pasarlo antes de entrar a trabajar en un sitio nuevo. Análisis de sangre y de orina, electrocardiograma, placas de pulmones, … Un chequeo de salud completo antes de trabajar.