Diario de una copa menstrual; día 2: no es una cavidad sin fin

Amanece un nuevo día y, con él, una nueva oportunidad de seguir con mi aprendizaje. Parece tontería, pero estoy aprendiendo mucho sobre mi cuerpo estos días. Por ejemplo, ¿sabías/te acordabas qué le pasa a tu cérvix cuando estás con la regla? ¿O hacia qué lado tenés desviado el útero? Pues eso, aprendizaje. Vamos al lío.

Domingo 18 y mi laringo faringoamigdalitis sigue su curso por mi organismo. Esto terminaría siendo importante para el diario de la copa, porque me mandaron esteroides como tratamiento y… Bueno, no adelanto acontecimientos.

Total, me levanto al día 2 de la regla, el que siempre viene con más intensidad. Vuelta a hervir la copita (tengo que apuntar una cosa acá: tengo el mejor novio del mundo. Cuando herví la copa por primera vez, no la había usado antes así que había usado un vaso, pero ahora tocaba hervirla después de haber contenido mi sangre. Por tanto, me puse a buscar en los cacharros de cocina algo donde poder hervirla sin que después Edu me dijera que soy una guarra por andar mezclando mis efluvios con las cosas del comer. Así me encontró trepada a la encimera, vaciando armarios. Cuando le conté qué buscaba me dijo “usá un vaso. Total, la lavaste con agua y jabón, ¿no? Está limpia”. Me lo quedé mirando pensando que, eso, tengo el mejor novio del mundo), me vuelvo a la ducha con ella y vuelvo a mis experimentos.

El sábado, en mis indagaciones de porqué se me podía estar saliendo la copa, había leído que había quien, antes de cortar del todo el palito (recuerden, que era lo que me había estado incomodando en el Día 1, el dichoso palito), le daba la vuelta a la copa (lo de adentro, fuera; lo de fuera, dentro) para sentir cómo sería sin palito. Pues eso es lo que iba a probar.

Y no saben qué diferencia. Ahora sí la copa era como la describían en los blogs: algo que no notás para nada. Pero NADA NADA. La metí doblada en pico, sin subirla mucho (insisten mucho en eso, en que no se usa tan arriba como un tampón) y me di cuenta que sin el palito podía ser muy feliz. Decidí quitarla y cortarle bastante más el agarre, dejando solo unos milímetros. Me inclino, sabiendo que sin palito iba a ser más difícil, y… No estaba. La copa no estaba.

Ahí fue cuando me acordé otra cosa que había leído: la vagina no es una cavidad sin fin; no por meterme la copa muy adentro se iba a perder en las profundidades de mi cuerpo. Sí, sí, reíte. Es algo que sabemos. Claro que sabía que no iba a tener que pasar por quirófano para sacarme la copa, pero hay un micromininanosegundo de inquietud hasta que te decís “venga, Lucía, respirá y pensá”. Una milésima fracción de segundo. Pero insisten tantísimo en que la copa no se mete muy adentro que cuando metés el dedo y no está… Respirá.

Me acuclillo, encorvando la espalda, ¡y a pujar! Otro parto vaginal después, tenía en mis manos mi bebé de silicona. ¡Era tan rosadito y pequeño! Con la tijera, más recortes (que terminaría de pulir luego con el cortauñas. Me quedó un cabito tan hermoso…) y, ya sin tantos contorsionismos, la coloqué en su sitio. La podría haber dejado dentro cuando la había puesto del revés, pero pensé que sacarla en el inodoro iba a ser mucho más difícil que en la ducha, ¡y qué razón tenía! Se supone que una de las ventajas de la copa es su menor impacto ambiental. Pues lo que llevaba yo gastado en papel higiénico y en agua en estos dos días no era muy sostenible que digamos…

Bueno, ya estoy duchada y con la copa bien puesta (¡y bien cortada!) y ahí sí que era genial. Tanto que cada poco tiempo miraba si me había manchado las bragas, porque era como magia ir como desnuda, pero con la regla. Recuerden, estaba en el segundo día de regla.

Durante el día, me la cambié un par veces, y notaba que tenía muuuuuuuuuuy poquito flujo. Y ahí es donde entra la faringomierda que tengo: ¡los esteroides me estaban cortando la regla! Para una vez que quería tener regla… (Sí, odio, odio, ODIO la regla. Es un coñazo tenerla. Las mujeres estamos mal diseñadas: tanto esfuerzo mensual para crear un entorno amable para un óvulo que no se fecunda en el 74298% de las veces. ¿No sería mejor ovular y endometriar cuando te quieras quedar embarazada? El resto de meses, dejame en paz, útero.) Disminuí la dosis de esteroides, pero ahí había algo que no iba bien.

Me puse compresa unas horas, por comprobar si eran los esteroides o que mi cuerpo no quería copa y se negaba a sangrar por eso. Antes de irme a dormir, viendo que la sangre seguía sin hacer el acto de presencia que debía a esa altura del ciclo, me volví a poner la copa para dormir. Y así pasé mi primera noche encopada. ¿Qué traería el lunes?

Leé el día 1: la contorsionista.

Leé el día 3: nada por aquí, nada por allá.