Guten Rutsch!

Nuestra anfitriona alemana nos dijo que es así como se felicita el nuevo año en Alemania, deseando que te deslices bien hacia el año que empieza. Lo repetimos mil veces, pero nunca nos salió bien, tendremos que volver a ir otro fin de año para volver a intentarlo.

Empezamos 2017 en la antigua capital del Reino de Prusia, de la República de Weimar, del Tercer Reich, de la República Democrática Alemana y actual capital de Alemania. Empezamos 2017 en Berlín.

Berlín sufrió hace unas semanas un ataque terrorista. Un ¿loco? ¿hijo de puta? ¿delicuente? estampó un camión contra un mercadillo navideño y mató a 12 personas. Pero los alemanes tienen una larga historia de terror, y eso no los amilanó. Y a nosotros, tampoco. Es cierto que los mercadillos que pudimos visitar (muchos están cerrados ya después del 24) tenían parachoques de hormigón en su perímetro y mucha policía. También en el aeropuerto había mucha policía, patrullando con ametralladoras, pero en la calle no había ninguna sensación de inseguridad o de miedo. Más bien, todo lo contrario.

Dejando atrás el terror actual, nos sumergimos en el terror pasado y, lo que es más espeluznante, el futuro.

Denkmal für die ermordeten Juden Europas
Denkmal für die ermordeten Juden Europas. Monumento a los judíos asesinados en Europa.

Berlín es una ciudad que no esconde su pasado. Tampoco es que lo exhiba orgullosa, sino que lo enseña para que no se olvide, para que no se repita. Trozos de muro, museos gratuitos, memoriales a los judíos asesinados, a los  homosexuales asesinados, a los gitanos asesinados, a los discapacitados asesinados, debate sobre si abrir el búnker donde se mató Hitler, iglesias destruidas y nunca reconstruidas a petición de los ciudadanos… Berlín tiene huellas de su pasado pero no las quiere tapar. Y a mí eso me encantó.

Berlín tiene también muchas contradicciones. El memorial de los judíos, por ejemplo, fue súper polémico porque cada bloque de hormigón está recubierto de un producto que impide que los grafitis se queden. Si alguien pinta, con agua y jabón se puede quitar. Una de las subsidiarias de la empresa que suministra el protector ese era la que suministraba el gas con el que gaseaban en los campos de exterminio.

Mercadillo navideño
Pasado, presente y futuro.

Nos contaba el guía, que cuando el arquitecto se enteró de que la empresa del antigrafiti estuvo implicada en el holocausto, abandonó el proyecto. En una visita a su dentista, le comentó todo indignado que no le parecía moral ni ético contar con ellos y el dentista le dejó la boca con boquetes. No podía ponerle empastes porque quien le suministraba el material había estado implicada también. A raíz de esto, el arquitecto volvió a estar frente al proyecto.

En la foto de la derecha se resume bien ese carácter berlinés, donde pasado, presente y futuro se dan la mano: la iglesia en ruinas por los bombardeos de la II Guerra Mundial, las velas que recuerdan a los muertos y heridos en el atentado, y los puestos abiertos que nos dicen que la vida sigue, más allá del terror.

Desconectando imaginación

Aún así, parece que no es suficiente. El 31 por la mañana visitamos el campo de concentración de Sachsenhausen. Yo desconecto imaginación y empatía cuando visito este tipo de sitios. Lo veo como veo una película, sin meterme en la piel de los protagonistas. Mi cerebro sabe qué pasó ahí, pero no implica al corazón para permitirme hacer la visita. Sí que hubo conexión entre cerebro y corazón en la Topografía del terror. En los antiguos cuarteles de la Gestapo, donde lo único que queda en pie del edificio son las salas de tortura, hay una exposición terrible sobre la historia de las instituciones del terror nazi. Hay dos fotos que no me puedo sacar de la cabeza. Se me ponen los pelos de punta de tan solo recordarlas.

´Topografía del terror
A la izquierda, el sitio donde se levantaban los cuarteles de la Gestapo. A la derecha, el muro de Berlín.

Como decía, el 31 fuimos a Sachsenhausen. No las tenía todas conmigo después de la Topografía del terror, pero esta vez mi cerebro funcionó cómo debía (gracias también a no escuchar todos los relatos de la audioguía), hasta que llegamos al barracón 38. Ves las literas donde los judíos dormían de hasta tres en tres, ves el minilavabo en el que se alistaban 400 personas en menos de 30 minutos, ves el escobero (sin imaginarte lo que los nazis hacían ahí dentro con los judíos), … Y ves las paredes quemadas. El techo quemado. El barracón oliendo a quemado. Y está quemado porque un grupo de antisemitas le prendió fuego ¡en 1992! ¿Es que ni siquiera ahí, donde la historia es una realidad, se puede aprender? ¿De verdad tenemos que repetir otra vez lo mismo?

La visita a Sachsenhausen es dura, pero imprescindible. No era campo de exterminio, pero, aún así, 30.000 personas murieron ahí dentro durante su uso por los nazis (el hijo de Stalin incluido) y otras 12.000 durante su uso por los soviéticos (encerraban presos políticos nazis, anticomunistas, oficiales alemanes, …). 42.000 personas. Es la población entera de Tres Cantos. La población entera de Dénia.

Arbeit macht frei
“El trabajo te hará libre”.
Vista global del campo
Al fondo a la derecha se ve la Torre A, por donde se entraba al campo. El edificio de la izquierda es la lavandería. Al fondo, en el centro, se ven los barracones de los judíos y donde estaba la cárcel. En el centro, el emplazamiento de los barracones.
Zona de la muerte
Zona de exclusión. Pisá la grava y los del campo tenían órdenes de dispararte. No te hacía ni falta llegar a la valla electrificada para morir.
La calle principal de Sachsenhausen
El edificio de la lavandería, el de la cocina y, en medio, el monumento que pusieron los soviéticos a todos los perseguidos por el nazismo.
Torre A
La Torre A. Por acá se entraba, previo afeitado y clasificación.

La guerra fría y ¿reunificación?

Y después de los nazis, llegó el muro. Te despertabas un día de verano y te dabas cuenta que ya no podías ir a visitar a tu familia, a tus amigos, a tus vecinos. La historia la escriben los vencedores, y nos dijeron que el muro lo levantaron los soviéticos para impedir que los habitantes de la República Democrática Alemana cruzaran a la zona capitalista, donde todo era mejor. ¿Cómo lo contarán los comunistas?

El currículum vitae del muro de Berlín
El muro se construye en 1961 y cae en 1989. Las rosas dibujadas en cada año son las personas que murieron, oficialmente, intentando cruzarlo.

Pablo, el guía del Free Walking Tour de Sandemans, nos dijo que después de la guerra Alemania se dividió, que en 1961 el muro se construyó y que en 1989, cayó, pero que aún no se reunificó. Berlín tiene una tasa de desempleo brutal (brutal para Alemania: 19%), un endeudamiento superior al del resto del país (la indemnización a los aliados de la I Guerra Mundial se terminó de pagar en 2010) y una forma de ver la vida muy diferente.

El arte urbano es una buena muestra de cómo son los berlineses. Hay pintadas, hay garabatos, pero hay también arte por las paredes de Berlín. En el Dead Chicken Alley hay infinidad de grafitis, así como en el East Side Gallery (trozo del muro pintado por artistas de todo el mundo), por el barrio turco, … Vamos, te encontrás dibujos en casi todas partes, decorando la ciudad. Se supone que está prohibido pintar las paredes, pero en Berlín es como ponerle puertas al campo.

¡Una Mei!
Ver este grafiti y gritar los dos a la vez “¡una Mei!”. Se las echa de menos cuando viajamos.
Sátira a los turistas que fotografiamos todo
Sí, los turistas lo fotografiamos todo. Pero yo satirizo tu sátira ¡haciendo fotos!
Dead Chicken Alley
Dos pollos muy vivos en el callejón del Pollo Muerto.
XOOOOX
Una de las chicas de XOOOOX que decora Berlín.
El beso en East Side Gallery
Delante del mural de El beso, quisimos hacernos una foto dándonos un ídem. Esta es solo una de las muchas (MUCHAS) tomas falsas.

La Berlín imperial

Pero Berlín fue también capital del reino de Prusia, y aún quedan vestigios. La Puerta de Brandenburgo, el palacio de Charlottenburg, el Reichstag, iglesias y plazas nos hablan de un pasado también guerrero, pero algo más antiguo. Por ejemplo, la puerta de Brandenburgo está coronada por una cuadriga. Cuando Napoleón llegó dijo “este símbolo de  los germanos, pa’casa que se va” y ordenó llevarse la puerta entera, piedra a piedra. Viendo que era un trabajo de titanes, decidió llevarse solo la cuadriga. Pero la historia da muchas vueltas, y Prusia le ganó otra guerra a Francia y se la trajeron de vuelta. Y los muy cachondos le pusieron de nombre a la plaza sobre la que está la puerta “Pariser platz”: Plaza de París.

La Puerta de Brandenburgo
La Pariser Platz, rendida a los pies de la Puerta de Brandenburgo.
Reichstag
El Parlamento alemán se reúne ahí. Se puede visitar gratuitamente, previa reserva.
Charlottenburg
El palacio de Charlottenburg. Ahí vivió Napoleón tras la derrota de Prusia.

Charlottenburg al atardecer.
Charlottenburg al atardecer.

Más cosas por Berlín

El pirulí
La torre de la televisión, en Alexanderplatz.

En Berlín hay mucho muchísimo por visitar. A nosotros no nos dio tiempo a verlo todo en estos 4 días, pero sí estuvimos en Potsdamer Platz, con su paseo de la fama y su Sony Center, y por Alexanderplatz, que solo la visitamos de pasada porque cuando llegamos ahí llevábamos unos 18 kilómetros caminados ese día y apenas si nos acercamos al reloj mundial y a la torre de la televisión. Vimos el ayuntamiento de puro milagro. Estábamos muertísimos. Pero no podíamos irnos de Berlín sin conocer a Alex, que es como llaman a esta plaza, centro de la RDA. De acá salieron las manifestaciones más importantes que acabaron con la caída del muro.  Cada paso que das en Berlín está cargado de historia. Es impresionante.

En el paseo de la fama hay instaladas una especie de periscopios. Asomándote, podés ver una foto del actor/actriz sobre su estrella. Me pareció súper original.

Paseo de la fama
Berlín tiene la Berlinale, y, en consecuencia, su paseo de la fama.

Guten Rutsch!

Había leído que en Berlín montan escenarios y cosas para celebrar el fin de año, pero no me imaginaba que la Silvester era así.

¡Salchichas!
No sin mi bratwurst.

Detrás de la puerta de Brandenburgo hay un parque gigante. El parque lo cierran y ponen unos cuantos escenarios, una noria (rueda de la fortuna), puestos de comida (¡qué no falten las salchichas!), de bebida (la cerveza no la probamos, pero el vino caliente especiado, sí), de crepes, gominolas, … Montan una feria de 2 kilómetros de largo por varios carriles de ancho, con pantallas (y controles de acceso) repartidas por toda la zona. Y justo debajo de la puerta, el megaescenario, con un montón de artistas amenizando la espera (uno de los que más me amenizó fue Max Giesinger, que no está apenas bueno), y, a las 00:00, mientras tocaban “The final countdown” con violines y chelos, encienden 6.000 fuegos artificiales y aquello es la locura. Cierto que no están tan locos como en Copenhague, pero también se dejan sus buenos euros en fuegos artificiales. En el parque puede haber hasta un millón de personas, dándole la bienvenida al 2017. Moló mucho. Mucho. Nosotros nos quedamos justo detrás de uno de los controles de acceso, que una no puede competir con las alturas alemanas y no me interesaba especialmente morir asfixiada. Teníamos pantalla gigante y unas vallas de obra para sentarnos. Había gente bailando, familias, ambiente y sin aglomeraciones.

Guten Rutsch!
Guten Rutsch!

Datos prácticos

Detalle de nuestra habitación
Viajando con Airbnb llegás a casas muy molonas y cuidadas al detalle.

Para ir finalizando, algunas cosas útiles si estás preparando tu viaje a Berlín:

  • Pagar con tarjeta es un milagro. Muy pocos sitios las aceptan. Llevá efectivo.
  • Si buscás alojamiento bueno, bonito, barato y con tips de los locales, Airbnb es tu sitio. Si no tenés cuenta, haceme (y hacete) un favor y usá este link, que nos dan crédito de viaje a los dos: www.airbnb.es/c/lfernandez18
  • Si querés ver el altar de Pérgamo, esperate hasta 2019, porque están de reformas en el Museo de Pérgamo (en toda la Isla de los Museos).
  • El transporte público es simplemente maravilloso. Sacá el billete de día AB para moverte por todas partes, el ABC para ir hasta Sachsenhausen o Postdam. Si el tiempo acompaña, la bici es tu mejor aliada.
  • Si vas a hacer un free walking tour, tenés que hacerlo con Pablo, que trabaja para Sandemans. De verdad, un pedazo de crack. Te dejo su email y su Facebook para que contactes.

Epílogo

Berlín es un lugar fantástico. Rezuma historia por los cuatro costados. Hay decadencia y vanguardia, arquitectos de renombre (sí, Calatrava también tiene su cachito de Berlín), rankings de galerías de arte (un artista se dedica a grafitear una banana en las de categoría), rincones maravillosos, agua, bosques, bicis. Verás que de museos no hablo mucho, y es que solo fuimos a Sachsenhausen y a la Topografía del terror. Las calles de Berlín, museo al aire libre de por sí, nos tenían tan absorbidos que no entramos ni al de la Stasi, ni al de Pérgamo, ni subimos a la Torre de Televisión (mirador a 203 metros de altura), ni entramos a la catedral, ni fuimos a Potsdam… Nos quedaron mil cosas por hacer, y mejor así, porque quiero volver.