Pateando Patones

El domingo pasado amaneció soleado y con pinta de ser un día espléndido, pero nosotros estábamos remolones y no nos decidíamos a salir. Edu todavía está jodido de las piernas (sí, no soy la única que se lesiona, muahahahaha), así que tenemos vedado el pádel, el running, el monte… Vamos, que estamos disfrutando mucho de la piscina y de las gatas este veranito.

Aún así, durante el desayuno decidimos irnos a pasear y yo no lo dudé: ¡a Patones de Arriba! Él todavía no lo conocía, y a mí me parece un pueblito precioso para pasar un rato agradable, así que, horita de coche y allá que nos fuimos.

Patones es uno de los pueblos negros de Madrid. “Negro” no por el color de su historia (que, en realidad, es bastante colorida, con su rey propio y todo), sino por las construcciones: por allá abunda la pizarra y las casitas son oscuras (aunque con vetas naranjas y diferentes tonalidades de grises, y el verde de los árboles, y el azul del cielo, y el… Vamos, que es precioso).

Arquitectura negra

Si me queréis, llamarmePasear por sus calles mola mucho, y más en agosto, cuando está todo el mundo de vacaciones en la playa. Y cuando digo todo el mundo, es todo el mundo. Había bastantes restaurantes cerrados, aunque alguno se dejaría convencer para subir a cocinar… Nos hizo gracia el cartelito (no os metáis con el formato del texto, venga). No me acuerdo el nombre del restaurante, fail de su parte no ponerlo en el cartel. ;p

Seguimos paseando por un camino que está marcado con un hombrecito azul y te lleva por todo Patones. A menos que te metas campo a través, como hicimos nosotros (no falla), no tiene pérdida.

El caminito también te lleva por el río (dos gotas a esta altura del año), el El lavaderolavadero con su fuente y Tienditas monastienditas de encanto donde daban ganas de comprar mil chorradas. El dueño de la tienda nos recomendó dónde comer (“El Rey de Patones” y “El Poleo”), pero nosotros no le hicimos caso y nos fuimos a un bar que estaba justo en la plaza del Llano donde ponían hamburguesas. Ya, ya, no tenemos perdón, nos tendríamos que haber comido un algo a la leña, pero bueno, somos así.

Happy couple
Comidos y paseados, las sonrisas salen solas. Y más si Edu me está diciendo alguna chorrada. =)

Después de comer y pasear, estando muy felices, como se aprecia, nos volvimos para abajo. Nos queda pendiente ir a comer a alguno de esos restaurantes y hacer la senda que va desde Patones de Abajo a Patones de Arriba. Bueno, e ir a escalar, que por ahí hay buenas vías. ;o)