La vigoréxica

No, no estoy enferma con el gym. Ni con tener todos los músculos de mi cuerpo marcados. Ni tomo cosas extrañas para ser la más gimnasta del gimnasio, pero la coña está ahí. Ya me han dicho “vigoréxica” alguno de mis dulces amigos…

Empecemos por el principio. Y el principio es finales del año pasado. Cuando mis niveles de colesterol alcanzaron unas cotas tan elevadas que mi médico me dijo “a tu edad y con este colesterol, a los 50 estás con problemas cardíacos y ninguna aseguradora te haría ahora mismo un seguro de vida“. Ok, mensaje captado. No sé si la intención era asustarme, pero si lo era, le salió mal porque yo, después del llanto de rigor, me lo tomé como un reto. Por mis santos cojones iba a bajarlo (y lo hice, of course).

Total, que el médico me dijo que se acabó el comer cerdo (pos vale. Las costillas las echo de menos, pero era lo único que comía), fuera quesos grasos, fuera muchas cosas ricas. Y, además, ejercicio físico. Ante mi tentativa de “Pilates vale, ¿no?” y su “No. Ejercicio cardiovascular, todos los días, 30 minutos como mínimo“, me rendí. Tenía que empezar a salir a correr. Así que, a principios de año me uní a la moda de los runners. Me bajé una tabla para empezar a correr y fui siguiéndola hasta que primero una sobrecarga del sóleo y luego una faringitis me hicieron bajar el ritmo. Bajar, que no renunciar.

Pero, claro, correr me resultaba aburridísimo. Aún con música, aquello me aburría. Así que, di el siguiente paso: gimnasio. Ya que había empezado, ¿por qué no?

Así que, el 14 de mayo de 2013 me acerqué a Fitness2U y mi vida cambió, jajajaa. A pesar de que odio los gimnasios, a pesar de que odio las máquinas esas de pesas… A pesar de los pesares, me gustó el rollo.

Y más cuando empecé a ir a algunas clases que marcan la agenda de mis semanas.

Y más cuando empecé a conocer gente, a relacionarme con los demás, a ser una quinceañera hablando con Sara y Laura, a pasármelo pipa con Sofía, Aleana y Marisa, a llorar de gratitud cuando Eva me guía en las imposibles clases de step, a contagiarme de la energía de Auxi, a salir empapada y con un subidón ENORME de las clases de baileactivo de Fabián.

Así que, queridos amigos, voy al gym (bastante. Más de lo que pensaba ir en un principio) no porque esté obsesionada con mi cuerpo, porque distorsione la realidad o porque tenga un trauma. Voy al gimnasio porque libero cantidades gigantes de endorfinas mientras ejercito todos y cada uno de los músculos de mi cuerpo (cerebro y lengua incluidos, jajajaa).

 

Venga, levantate y ¡salí con la bici, andate al gym o jugá un partido de paddle!