Mis niños científicos

Ya, ya lo sé, tengo que dejar de decir «mis niños». Especialmente porque ya no somos niños (un caso sería discutible, jajaja. Hay que ver la gente joven que estudia en la UNED), y, además, no todos son chicos, pero vamos, que no puedo evitarlo, me sale el complejo mamá gallina y los llamo así… Espero que a nadie le moleste. Es una demostración de afecto, no de paternalismo (o maternalismo, en este caso).

Y todo esto, ¿a cuento de qué viene? Viene porque el sábado conocí a la mayoría de representantes de la Facultad de Ciencias de la UNED.

Voy a empezar por el principio, y eso sería el viernes. Bueno, podría empezar antes, pero vamos a hacerlo ahí.

El viernes salí del curro y me bajé a Madrid, donde conocí a unos pocos (acá quedaría genial escribir los nombres, pero como no me los acuerdo todos, voy a obviarlo). Sobre las nueve o así, después de perdernos una hora (de reloj. Lo juro. Fue horrible) buscando el hotel con dos pobres secuestrados («tengo coche, si alguien se quiere venir conmigo» dije… En fin, es una historia que prefiero olvidar, y ellos, seguramente, también, jajajajaa), llegamos al Auditorium. Obviamente, no conocía a casi nadie (a los seis de la reunión de la tarde, nada más). Cenamos y subimos a tomar algo todos juntos. En ese momento, se me acerca un chico y me dice «tú eres Lucía, ¿no?». Y era Fran. Fue al primero de mis niños a quien conocí. Resulta que yo había escrito un comentario en el Facebook de la representación de alumnos y me había reconocido (no sé qué haría yo sin la habilidad de los demás de reconocer a la gente. Yo soy pésima para eso). En esas, se nos acerca Víctor (delegado nacional del mundo mundial) y nos dice «encontrad a todos los de ciencias». Claro, sí, era súper fácil. Si apenas eran unas 100 personas a quien teníamos que preguntar… Pero bueno, Fran y yo, obedientes, fuimos preguntando por todos lados: ¿eres de ciencias? ¿eres de ciencias? El lugar estaba oscuro y estaba tocando un grupo, así que, visualicen la imagen… En fin.

Nuestras pesquisas dieron sus frutos. En un «¿eres de ciencias?» un muchacho dijo «soy de matemáticas». ¡Ya éramos tres! Seguimos buscando. Y apareció un cuarto, también de matemáticas. Fran sabía que había también una chica de Pamplona, pero no pudimos dar con ella. Así que, en esos primeros momentos, éramos Fran, Anselmo, Gerard y yo. Víctor nos contó un poco la situación y nos dijo que nos preparáramos. Tal vez porque soy una inocente, pero yo tengo confianza en los profes de ciencias… ¿Cómo no voy a confiar en Guitarte, en Francisco Ortega, en Charo, en Rosa, en tantos profes con los que me llevo tan bien? Mismo con el Decano… Sé que con alguno chocaré de frente, pero tengo esperanza de topármelo lo menos posible. De algo tienen que servir los seis años de carrera, digo yo.

Bueno, el sábado nos metieron en Las Tablas a una reunión maratoniana (que se extendería hasta las ocho y media de la tarde), pero ahí sí que no voy a ahondar mucho ahora. Solo voy a remarcar un par de horitas, que fue cuando nos separamos todos para reunirnos solo con los de nuestra facultad.

En Las Tablas con todo quisqui.

Además de los chicos a quienes ya conocía, estaban Esther (la chica de Pamplona que buscábamos antes), Luis (de Ourense) y Mamen (de Elche). Las joyas de la corona. En algún otro lugar habrá un grupo tan majo y bien avenido como el nuestro, pero nosotros somos los mejores. Y eso es porque lo conforman

Fran: Un valenciano muy activo, con las cosas claras y muy metódico. Buen conversador y tiene pinta de tener mucho empuje y curiosidad. Generoso como él solo, no creo que nunca vaya a anteponer su realización personal por encima del bien común. ¡Ah!, y además, es de ambientales. Me sentí cómoda con él al instante y eso no solo mola, sino que, en este tipo de tareas, es muy de agradecer.

Gerard: Muy pausado y sereno en su forma de hablar, aún cuando se pone a defender el Estatut de Autonomía. Da la impresión de ser una persona en la que se puede confiar y que te dirá lo que te tenga que decir a la cara y con una suavidad envidiables. Lo veo como la personificación del «hablando se entiende la gente». Trabajador y con iniciativa, confío en que me enseñe a hacer lo que más me cuesta: delegar. A él también le cogí cariño enseguida.

Anselmo: Otro matemático. Alegre, sincero, es capaz de soltar lo que piensa sin medir. Franco es la palabra. Al principio pensé que se iba a intentar escaquear, pero dos minutos hablando con él me hicieron dar cuenta de que me estaba equivocando. Mola cuando la primera impresión se esfuma tras intercambiar tres palabras.

Esther: Completa el trío de «ambientólogos al poder». Me gusta la gente que sabe decir «ahora no hablemos, mejor mañana». Yo soy más de soltar por esta boquita sin pensar en las consecuencias. Colaboradora y tenaz, creo que aún tengo muchas cosas que descubrir de ella.

Mamen: «La tercera en discordia». Entre tanto matemático y ambientólogo, ella es química. Se la ve una mujer de armas tomar, con iniciativa y firmeza, aunque prefiere hacerlo desde la retaguardia.

Luis: Parco en palabras, es de los que observan y después te sueltan su conclusión. Entre el cacareo generalizado de la mayoría de asistentes, su silencio resalta cuando lo rompe para lanzar una apreciación acertada. Es firme y te va a dar todo su apoyo, pero también desde la retaguardia y entre bambalinas. Los focos no están hechos para él, pero no sé qué harían los actores sin su apuntador.

 

Big fail no haber sacado una foto de mis niños… Pero ya habrá ocasión. Y más con Gerard, que como nos empiecen a convocar de todos los departamentos que cogimos, lo voy a ver más que a Michelle, jajajajajaa.