Asking for directions

A mí esto de preguntar el camino se me da bastante mal. Suelo confiar más en mi instinto y en lo que busqué previamente por internet. Cuando tengo que ir a un lugar nuevo, lo miro en Google Maps, lo fijo en mi (escasa) memoria y allá que me voy. Miro una o dos calles de referencia y el resto, lo confío al azar.

Hoy había quedado en el Vips de Fuencarral, metro Bilbao. Así decía el mail, así que miré en la web de Metro para ir a la estación de Bilbao (apenas a 3 de Moncloa), me subí al bus (historia curiosa que merece ser contada. Cuando llegué al parking de Los Negrales, vi que el bus estaba por llegar. Me bajé corriendo del coche, atiné a agarrar mi chaqueta, crucé la empalizada, me jugué el pellejo cruzando de mala manera la calle y le hice una seña “aquí, yo, subir”. El bus se detiene y según va abriendo la puerta, me di cuenta que me dejé el móvil en el coche. Le digo al chófer que se vaya, que ya cogeré el siguiente, porque tenía que ir a buscar mi aparatejo y me dice “¿Quieres que te espere?”. Atónita, le dije que vale, crucé, recogí el móvil, volví a cruzar y me subí. Publicando, por supuesto, mi buena suerte en Facebook y Twitter, que una cosa así no pasa todos los días).

Bueno, eso, que la cuestión es que había quedado en el Vips de metro Bilbao. Llegué a Bilbao. Hmmmmm… “Ah, sí, calle Fuencarral” surgió de las recónditas profundidades de mi cerebro. Vale, esta es Fuencarral. ¿Y ahora?

Y ahora me enfrentaba con un dilema. Bah, exagero, me dirigí con paso firme por la calle Fuencarral. No anduve mucho antes de cerciorarme de que ahí no se veía ningún Vips. Y ahora sí, dilema.

Porque, como digo, no suelo preguntar, pero eso es porque antes miré exactamente dónde y cómo tenía que ir. Como esta vez no había sido así (había mirado a “Bilbao”, no a “Vips”), no lo dudé. Le pregunté a un chico que por ahí pasaba si conocía algún Vips por la zona, en calle Fuencarral. “Sí”, contestó seguro de sí mismo, “hay uno allí”, dijo, por supuesto, la dirección contraria que llevaba yo. Después de las “gracias, gracias” de rigor, escucho que me dice “Bueno, pero es que para aquel lado también hay otro Vips”. Ouch. No contaba con eso yo. “¿Pero los dos quedan igual de cerca del metro Bilbao?” fue mi obvia pregunta. Tras un breve silencio, me dijo que quedaban más o menos a la misma distancia, pero que puede que el otro quedara más cerca de Quevedo. Efectivamente, me esperaban en el que me había dicho en primer lugar.

Pero el tema del post no es ese (peazo introducción que hice, entonces). El tema es el de pedir indicaciones (ese asking for directions que nos enseñan cada vez que aprendemos un idioma nuevo). Porque según iba caminando para el Vips bueno, me di cuenta que no le pregunté a la primer persona que vi cuando decidí preguntar. Le pregunté al chico ese. Un muchacho de lo más normal, ni guapo ni feo, treintañero, que iba caminando con paso firme y decidido. Imagino que sería eso lo que hizo que me acercara a preguntarle, el que se lo viera tan seguro.

Así, el ser más extraño es el más acertado... O no.

 

Y eso me hizo acordar a mi papá. Jajajaja, tenía (¿tiene?) la extraña capacidad para preguntarle a la persona menos indicada. Cada vez que íbamos de viaje, casi era parte de la diversión ver a qué personaje se encontraría mi papá para preguntarle una dirección.

Y ustedes, ¿son de preguntar o más bien se guían del instinto? Y cuando lo hacen, ¿aciertan o les toca, como a mi papá, el más tonto del pueblo?