Como perros y gatos

Esa expresión es muy común cuando queremos decir que dos personas no se llevan bien. Pero eso es porque no conocen a Michelle y Stan. Gata ella, perro él, se pasan el día jugando, saltando, presiguiéndose, peleando como dos hermanitos pequeños que no pueden vivir el uno sin el otro.

La verdad es que Michelle lo trae frito a Stan. La otra noche, como ya empieza a hacer frío, Stan se metió bajo el edredón. Así como el Principito veía un elefante dentro de una serpiente cuando los demás veían un sombrero, ella no veía más que un bulto que se movía tentadoramente, una presa que cazar. No tardó ni dos segundos en avalanzarse sobre él y a los pocos instantes ya estaban los dos corriendo por todo el piso. Son pa verlos. Otras veces es Stan quien empieza, quien la busca, quien le ladra en posición «Venga, juguemos, que me aburro», con el culito levantado y las patas delanteras en el suelo.

Cuando me lo llevo a Stan a casa de Tomy, y no se ven en todo el fin de semana, Michelle, que me adora, me regaña con sus lastimeros miiaaaaaaaauuuuus porque la dejé sin su compañero. Claro que se le pasa enseguida, demasiado contenta como para no subirse al lomo de Stan de un salto.
También duermen juntos. Espalda con espalda, o Michi apoyando su cabeza en una patita de Stan.
Adoro a mis animalitos. ¿Se nota? Jejejejeje.

Pero no es solo eso. También es que hoy estamos en los blogs hablando de convivencia. Y digo yo, ¿no podríamos llevarnos todos como estos perro y gato?