¿Soy gafe?

Jajajajajajaa, ¡no puedo empezar esta historia de otra manera, más que riéndome! Jajajajajajajaaa.
Por deferencia a mis paisanos del sur, gafe es yeta. Y es que, últimamente, ¡¡¡estoy muy yeta!!!
No sé que tan atrás remontarme. No mucho, porque mi memoria es malísima, pero es que tan solo relatando los últimos acontecimientos… 
Hace rato que quiero comprarme una bici. Una bici de montaña, para andar por el monte y para hacer el trayecto casa-trabajo-casa en dos ruedas. Pero, claro, soy bajita. Y en el Decathlon no tenían bicis para enanas, así que me tuve que aguantar hasta el sábado. Porque el sábado fuimos y ¡había una bici talla S! Joder, ¡qué alegrón! No dudé mucho en comprarla, a pesar de que era 100 euros más cara de lo que tenía pensado. Me compré el casco, un bidón y una maletita para colgar del manubrio, porque en el cuadro no entra el bidón (sin comentarios). 
Mi querida Rockrider 6.3
Bueno, pero que yo salía muy contenta con mi bici, y con unas ganas locas de estrenarla. El domingo lo convencí a Tomy de que me llevar a a probarla. Que sí, que a las dos estamos de vuelta para ver la carrera, de verdad, que ya sé que es la primera vez que sale Alonso de la pole y sí, la vemos. Damos una vuelta cortita y nos volvemos. No mentía. La vuelta fue corta. En distancia. No llegamos ni a los ocho kilómetros, porque de repente le digo «No sé porque, me noto muy inestable» y su respuesta fue «¿Será porque tenés la rueda delantera pinchada?». Lo mismo sí. ¡O lo mismo era porque la trasera también estaba pinchada! Menos mal que él no es tan improvisado como yo y tenía parches, pegamento, bomba y esas cosas tan imprescindibles para salir en bici al campo. Yo lo único que llevaba era la cámara. Por no llevar, no llevaba ni el bidón de agua, jajajajajaa. 
Desmontamos rueda delantera. Encontramos y reparamos (repara) dos pinchazos. Desmontamos la trasera (joder, es complicado, ¿eh?), un pinchazo. Reparado. La sombra del árbol bajo el cual nos habíamos cobijado nos indicaba que las horas pasaban y que seguíamos en el mismo sitio. Y pasaban horas enteras porque, al montar la rueda trasera, nos dimos cuenta que la delantera estaba nuevamente desinflada. Vuelta a desmontar (¡la había revisado dos veces y no había encontrado otro pinchazo!), arreglamos un tercero. Y fue ahí cuando vimos que la delantera de su bici también estaba pinchada. Lo suyo fue más rápido: cambio de cámara (dado que ya había consumido casi todos sus parches). Pero todavía no nos íbamos. ¡Mi rueda trasera comenzaba a desinflarse! De a muy poquito, pero con paso firme. Ni caso. A inflarla a cada rato de camino a casa (la vuelta la hicimos por otro lado y solo distaba 2km), que eran más de la una. Me la infla a conciencia, y tiro. Tiro sin casco. Me lo había sacado y lo había dejado en un árbol. Jajajajajaa. El pobre tuvo que volver a buscarlo. Pero bueno, no pasaba nada, llegamos a ver a Alonso ganar la carrera de Monza.
Después de comer revisamos las cámaras. Resultado: 4 pinchazos la de adelante, 2 la de atrás. Reparado. Me la llevo a casa, parece que todo bien. En la semana podría usarla.
El lunes quedé con Santás. Nos tomamos una tarta de chocolate y una tarrina de helado a la salud de Mireia, ¡que ya es licenciada!!! Enhorabuena, por cierto.
El martes tenía que entregar un trabajo para la facultad. Lo tenía medio hecho, pero tenía que echarle parte de la tarde, así que el salir iba a estar complicado, aunque lo intentaría con todas mis fuerzas. Pero yo no contaba con que soy idiota. 
En realidad, fue muy gracioso. Llego el martes temprano a la ofi, para ir adelantando con la memoria. Abro los cursos virtuales y veo que el pinchito que indica que hay que entregar un trabajo no estaba. Me extrañó muchísimo, ¡si el plazo todavía no había vencido! Coño, que hasta el 13 podía entregarlo. Busco en los foros. Me lo confirman. Hasta el 13 hay tiempo. Y si hasta el 13 había tiempo, ¿por qué el martes estaba ya deshabilitado? Un rápido vistazo al calendario me hizo darme cuenta… El 13 había sido el lunes. Y yo, toda convencida de que tenía que entregarlo el martes… Llamo a la profesora, le cuento mi idiotez y me dijo que vale, que lo podía entregar el martes. Así lo hice, pero como a las ocho de la tarde. Ergo, me quedé sin paseo en bici.
El miércoles quise ir a dar una vuelta… Esta vez sí. Me cambié de ropa, me puse mi casco, llené el bidón de agua, ignoré a Stan que me miraba con cara de «sacame a pasear»… ¡Pero la rueda delantera estaba pinchada! Así que, a la tienda de bicis.
La tienda de bicis del pueblo es tienda de deportes. Tienen unas pocas bicis, pero también zapatillas, mochilas, y demás. Yo no iba muy confiada en que fueran a tener cámaras, kit de reparación y bomba de inflado. Así que, mientras hablaba con Santás por teléfono, me dije «que le den a la bici, me voy a comprar una napolitana de chocolate y me voy a quedar más a gusto que ná». Paso por la puerta de la panadería, ¡y estaba cerrada por vacaciones! Vale, me quedo sin napolitana. 
Vista la racha que llevaba, casi ni me acerco a la tienda de bicis. Hice bien en hacerlo (aunque me clavaron), porque compré de todo. Y hoy, cuando fui a casa, cambié la cámara (como cuando llegue esté pinchada, tiro la bici) y la dejé preparada para dar una vuelta esta tarde. Vuelta que se truncará, porque si bien esta mañana estuvo lloviendo, al mediodía hacía sol. Y ahora caen chuzos de punta. Así que, creo que hoy no tocará bici.
Pero eso no es todo. Llego a la oficina después de «comer» (malcomer sería más realista) y me siento a pasar pedidos y tal. Afuera había alguien armando un jaleo espantoso. No. Alto. Esperen… No era afuera. Era en el rack. Un ruido como de aspiradora. Llamo al soporte técnico. El móvil apagado y el de la oficina, no lo cogen. Lo llamo a Tomy. Muy razonablemente me dice que vaya apagando todo hasta encontrar lo que hace el ruido. Pero no hizo falta. Era la CPU del servidor. Por alguna extraña razón, el ventilador giraba a toda leche, parecía que fuera a despegar de un momento a otro. Era algo tan ruidoso, que me dije «voy a grabar un vídeo y mandárselo a Santás, que ayer me decía que era gafe». Le doy al botón del móvil… Y se apaga. Lo intento otra vez. Que no, que no había caso, que se me moría el móvil. Al final, apagué el servidor, lo dejé un rato pensándoselo y ahora ya va bien otra vez.
Espero que ya no pase más nada… ¡Pero es que es muy gracioso (a mí me hace gracia, al menos) todo lo que está pasando!