Monasterio de Piedra

   Recientemente estuve en Monasterio de Piedra.
   Bueno, antes de eso, tendría que decir que los paisajes kársticos son de mis preferidos. Las grutas con sus estalactitas y estalagmitas, las cimas, las dolinas, el agua diluyendo la roca y poniéndola gota a gota en otro lugar… Me encanta. Y Monasterio de Piedra queda en una zona kárstica. 
   Llevo cinco años con ganas de ir a ese sitio, que había escuchado que era muy bonito, con sus cascadas y sus formaciones geológicas. Y tuve la oportunidad hace poco y no me lo pensé: a Monasterio de Piedra! Efectivamente, el lugar se llama así porque hay un monasterio sobre el río Piedra (como curiosidad, en las cocinas de ese monasterio fue donde se cocinó el chocholate traído de México por primera vez en Europa!).
Panorámica del Monasterio

   Llegamos y la entrada costaba un dinero interesante para un parque (13 euros, y no había descuento para estudiantes), pero yo, a Monasterio, cueste lo que cueste. Nos perdimos por los senderitos, subimos una pequeña cuesta (sin mirar el mapa, que era trampa!) y tuvimos una panorámica de todo el lugar. Verde, verde y más verde por todas partes, susurro de agua (estruendo, más bien, que estábamos sobre una cascada). La gente estaba congregada en una exhibición de vuelo de rapaces que, aunque no lo habíamos acordado de antemano, no fuimos a ver. Así que, en esta primera aproximación, solo se escuchaba el agua, el viento y poco más (“poco más” = “2 buitres encerrados en una minijaula a la que preferí no prestar mucha atención”).


   Empezamos a bajar, paseando por los caminos y me llamó la atención que eran casi avenidas. Los senderos eran mega amplios, con bancos para sentarse a disfrutar del paisaje, señalizado a cada dos pasos… Después me llamó la atención el césped. No había hierba en Monasterio de Piedra, había césped, con las rayas de los cortacéspedes marcadas y todo. A pesar de todo el agua que había, se veían también los sistemas de riego. Entramos en una gruta (yo con los ojos bien abiertos; porque estaba oscuro pero, más, porque quería captarlo todo) y me sorprendió que hubiera una escalera tallada en las… (momento complicado del relato…) ¿estalagmitas? (nunca me acuerdo cuales son las que penden del techo y cuales las que se derraman al suelo). Pues eso, en la escalera se veía el corte de las estalagmitas, los anillos que forman a lo largo de años y años y años y años. No había murciélagos en esa cueva… Tal vez porque había mucha gente (la exhibición ya podría haber durado todo el día, cohone’), tal vez porque no era lo suficientemente profunda, tal vez porque… A saber. 
   Seguimos paseando y encontramos una cascada enooooooooooorme gigante. Subimos por un costado y cuando llegamos arriba vimos que estaba canalizada. Y las demás cascadas que había llegaban hasta el camino y después se iban por unas acequias al río… 

   No sé, me resultó todo demasiado artificial. Ojo, precioso, muy verde, muy lleno de agua (y más este año, que ha llovido tantísimo), muy bonito, pero… No sé, demasiado cuadriculado, envarado, manoseado. Parecía como si estuviéramos en un jardín y no en un paraje natural.
Eso sí, me lo pasé muy bien igual, a pesar de la mala hostia que me entró cuando vi más buitres encerrados en jaulas y decenas de rapaces atadas a un aro metálico.