Alfonsín

Me imagino que hoy muchos blogs dirán lo mismo: murió Alfonsín. No sé cuántos de esos harán un relato conmovedor y lleno de anécdotas; no sé cuántos de esos harán referencia a los tiempos de su presidencia; no sé cuántos de esos hablarán de política… A mí la política me da igual, no entiendo de política, no me gusta la política, no sé de política.
Para mí, Alfonsín es un recuerdo de la infancia. Yo tenía 3 años cuando fue elegido presidente (¿4 ó 5 cuando mi mamá nos llevó a la Plaza de Mayo a apoyarlo contra los milicos que se querían levantar?), y 9 cuando cedió su lugar a Menem. Es decir, una nena. Pero en casa, Alfonsín era como uno más. Mi mamá lo nombraba tanto, se lo comparaba tanto con Menem (el único presidente argentino que recuerdo haber vivido, porque a De La Rúa lo voté pero me fui antes del país que él de la Casa Rosada en helicóptero), que era como si él mismo se sentara a nuestra mesa todas las noches.
Me acuerdo cuando un día, a la vuelta de uno de los viajes que tenía que hacer mi mamá por trabajo, nos contó toda emocionada que había visto a Alfonsín en un ascensor de no sé donde.
Hoy hay escritos sobre él en todas partes. La tele en Argentina me imagino que estará inundada de imágenes de Alfonsín, de discursos de Alfonsín, de gente llorando (¿y festejando?) la muerte de Alfonsín. Pero me impactó una cosa que leí en El País: «Alfonsín, el único presidente de la democracia argentina que no ha tenido que vérselas en los tribunales por acusaciones de corrupción, recibió en los últimos años de su vida el respeto de casi todas las facciones políticas, que le reconocieron finalmente su enorme tarea para asentar la democracia en momentos muy difíciles y su extraordinaria honradez personal«.
Que triste que en España se destaque de un expresidente argentino que era «honrado».
Que triste que Argentina haya tenido solo un presidente honrado, de los 55 que tuvo a lo largo de la historia.
Que triste que haya habido un único presidente argentino al que no se lo haya acusado de corrupto.
Que triste, por eso, que haya muerto Alfonsín.