Domingo Jarosero

Ya llegó la primavera, se acabaron los jerseys, y las chicas se liberan, del aprisonamiento del corsé!!!

Eso es, señoras y señores, llegó la primavera. Como cada año. Lo que no es tan habitual es que yo salga hasta altas horas de la noche un sábado. ¿Culpables? Reme y Rubén, claro.
Les cuento: yo vivía, en el bosque muy contento (estoy cantarina hoy, jejejejejee). No, yo estaba tranquilamente en casa, cuando mi mamá me dice: “Esta noche voy a invitar a pizzas a unas compañeras del trabajo, invitá a alguien vos también”. La llamo a Mar, confirma que viene. La llamo a Reme, me dice que viene también. Tomi y Eva tenían cosas que hacer, Rubén estaba de cena familiar, así que, nada, reunión de chicas (éramos seis mujeres y mi papá, pobre santo).
Bueno, nada, cenamos, ji-ji, ja-ja, uy que sueño que tengo, cuando se irá toda esta gente, me quiero ir a dormir, ji-ji, ja-ja.
Como a las doce, empieza a retirarse la gente y la buena de Reme me dice “Rubén dijo que si acababa temprano nos llamaba para ver dónde estábamos”. Así que, sin esperar que el caballero nos solicite, lo llamamos. Estaba en Móstoles, pero que lo pasáramos a buscar (¡por Móstoles!), que salía con nosotras.
Mar, ganas de salir, 0. Reme, ganas de salir, 0. Yo, ganas de salir, -80. Pero me dije que una noche es una noche, y pallá que fui (¡a Móstoles!, más de 50 kilómetros de coche). Llegamos a Móstoles, recogimos a Rubén y nos dice las diferentes opciones de planes que había (Rubén es un chico con muchos recursos). La frase, en plan muletilla, que repetía cada vez que exponía un plan era “hay gente de 30 años”. Reme y yo estamos solteras, pero tampoco es cuestión de andar con el hacha de guerra todo el día! Nada, que nosotras íbamos a salir tranquilamente, pero no a cazar.
Al final (ya era como la una de la mañana, y yo, ¡en Móstoles!), optamos por ir a Fuenlabrada (15 kilómetros más lejos de mi casa!), donde estaban Sandra con su nuevo novio (“yo tengo curiosidad por ver al novio de Sandra” fue la frase rubenística que nos llevó a Fuenla) y unos amigos (“el novio de Sandra tiene 30 años, así que los amigos, andarán por esa edad”, otra frase del muchacho). Estaban en… Chachachacháaaaaaaaaan… ¡Un bar heavy! Yo, en Fuenlabrada, a la una y pico de la mañana, para ir a un bar heavy! Ya era mucho esto… Lo peor, es que íbamos Reme y Rubén en un coche, guiando, y yo, en mi C3, atrás. Dimos 74289 millones de vueltas por Fuenlabrada. Yo los llamaba y les decía “Reme, por acá ya pasamos ochenta veces…”. Hasta que, harta de dar vueltas por Fuenlabrada (y de dar vueltas yo en mi cabeza, que no pasó ni un pensamiento bueno en ese rato), lo llamé a Rubén para decirle que me indicara como salir a la M50. No me dejó ni decir “hola”, que me dijo “aparca en el primer hueco que veas, que ya estamos cerca”. Bueno, nada, a aparcar… Y a esperar, porque tardaron un rato en venir a buscarme (Reme me confesó después de que se habían vuelto a perder! Que desastre de juventud…).
Y ahí estaba yo, en Fuenla, para ir a un bar heavy lleno de desconocidos. Entramos al lugar y salimos porque nos echaron. Vamos, que lo pasé muy bien. Había mucho humo, nos dieron una paliza al futbolín, pero lo pasé bien, a pesar de todo. Cuando cerró, la gente decía de ir a otro lugar, pero después de ir cerrando tres bares más, decidimos emprender la retirada.
Llegué a casa sobre las seis y media de la mañana. Me duché (no puedo con el humo, el olor se me impregna y me tengo que duchar, sea la hora que sea) y me acosté con mi mamá a las siete de la mañana (Mar estaba en mi cama). Yo tenía la sana intención de levantarme el domingo temprano a sacar fotos, pero Reme y Rubén frustraron mis planes.
Me levanté (que no desperté) a las doce y me fui a La Jarosa con mi mamá y Mar. Estoy llegando cuando suena el teléfono: Reme.
– Hola.
– Hola, estoy en Guadarrama.
– (Sorprendida y alegre) ¿Qué hacés acá?
– Nada, estoy con un amigo, y los escuché hablar tanto de La Jarosa, que acá estoy. ¿Cómo hago para ir a La Jarosa?
– ¡Yo estoy en La Jarosa! ¿Por dónde estás?
Bueno, y siguen las explicaciones (con subida al puerto de los Leones incluida, jajajaja), hasta que llegan Reme y su amigo (Juanma) a La Jarosa.
Otra vez, nos lo pasamos fenomenal. Nos los llevamos a todos a comer a casa, hicimos sobremesa hasta las seis de la tarde, hablando de bichos, de venenos de bichos, de cosas varias. Bah, en realidad, el que habló fue el que tenía vergüenza de ir a la casa de desconocidos, los demás lo escuchábamos boquiabiertos con lo que sabe “el nene”.
También hice alguna que otra foto, que adjunto. La entrada es casi toda de la noche del sábado, aunque el título es de La Jarosa porque nos lo pasamos muy muy bien.
La Jarosa, con un montón de agua y montañitas nevadas detrás.
Mar, contando los anillos del pino…
Y sintiendo lo bien que olía.
Stancito, infaltable.
La Reme.
Reme y Juanma (alias, “nene”, gracias a la bautizadora oficial).
Uka Shaka, Uka Shaka…