México lindo

Todo acaba y todo se termina, y las vacaciones mexicanas no iban a ser una excepción… Todavía debo el relato del día antes de irnos, del sábado 28 en que nos fuimos con los de la universidad a pasear por la sierra, pero eso ya lo haré otro día, cuando tenga un rato (últimamente, estoy que no paro!).
Bueno, nos fuimos para México el domingo 29 (o sea, el mismo día que jugaba España la final de la Eurocopa ’08 contra Alemania. El piloto del avión, ni bien subir, nos dijo que iba a intentar mantenernos informados de como iba la cosa y así nos enteramos de que Torres había marcado un gol en el ’32 y de New York vino el notición que hizo saltar al avión: ¡¡¡España había ganado!!! Y haciendo un muy buen partido, acotaron los yanquis. De todas maneras, nos hubiéramos enterado en México, porque los mexicanos estaban como locos, contentos, decían ellos, con la victoria de la “madre patria”).
Llegamos al hotel a las mil. O a las mil y una, era tardísimo (para nosotros, que veníamos de siete horas en el futuro. En México serían las ocho de la tarde, pero en España ya eran las 3 de la mañana del lunes).
El lunes por la mañana tocaba reunión informativa en el hotel. Y como todos los informativos tienen propagandas, también nos contaron las excursiones que se podían contratar. ¡Queríamos hacerlas todas! Así que compramos un paquete para ir el martes a Tulum y Xel-ha, el miércoles a Chichén Itzá y Valladolid, el viernes a Cobá y Tankah y el sábado a la reserva de la biosfera de Sian Kaan. Casi nada. Y el jueves que teníamos libre queríamos ir a Islas Mujeres…
Pero todavía era lunes, así que nos fuimos en taxi a Playa del Carmen, donde me hice las consabidas trencitas (no pueden faltar en un viaje al Caribe!!!), no sin antes disfrutar de un refrescante trago (no alcohólico, claro) en la piscina.

 

Barcito en Playa del Carmen.
Los helados apetecían de verdad, entre tanto calor y humedad.

Por la noche estábamos tan cansados que caímos redondos, ni discoteca ni ná de ná.
El martes, madrugón número 1. Nos pasaban a recoger a las 7:50 para ir a Tulum y Xel-Ha, así que, nada, despertador y andando. Pero no costaba levantarse temprano. Será que allá se hace de noche sobre las siete y media, ocho de la tarde, y todo se adelanta. Aún así, teníamos nuestros buenos legañones mientras recogíamos a los de los otros hoteles. Tulum… Bueno, ¿qué puedo decir de Tulum? Había muuuuuuucha más gente que las otras veces que estuve (aunque esto se puede generalizar a todos los lugares, por desgracia). Pero sigue siendo hermoso. Las fotos no le hacen justicia, de verdad. Además, es todo tan mágico. A veces a uno le cuesta saber en que día estamos (y más cuando son vacaciones), y los mayas sabían por donde salía y se ponía el sol cada día concreto… Que máquinas estos mayas.
Lucía luciendo trenzas. Y bandana, que con el sol de allá, se quema el cuero cabelludo y se queda atrapado entre las trenzas! Algo muy desagradable, parece que tenés caspa a raudales.
La parejita feliz. Feliz de estar de vacaciones, claro.Tulum. Única ciudad maya amurallada y construida al borde del mar.

 

Ahí en Tulum me encontré con un grupo de argentinos. Fue una experiencia muy rara. Y dirán, “¿rara por qué, si España está llena de argentinos?”. Pero fue rara porque estos eran argentinos, venidos de Argentina, de vacaciones, sin saber nada de España. Así que, nos pasamos todo el trayecto del “trencito” que te lleva de la zona de parking a las ruinas (800 metros…) preguntándonos “¿qué tal España? ¿qué tal Argentina?”.
No nos dio tiempo de terminar de ver todo el sitio arqueológico, porque, como no es nada raro en este tipo de excursiones, tuvimos que salir corriendo al próximo destino: Xel-Ha. Paraíso acuático donde vimos un montón de peces de colores. Realmente, era como meter la cabeza en una pecera, impresionante. Nos tiramos desde las 12:00 hasta las 17:00 metidos en el agua. Mejor dicho, medio metidos en el agua. Para que se hagan una imagen mental bastante aproximada, les digo esto: veníamos de Europa. Del verano europeo, vale, pero blancos como la leche, todavía no habíamos tomado nada de sol ninguno de los dos. El primer sol que nos agarró fue el sol de julio del Caribe, de mediodía y tarde, metidos en el agua boca abajo (o sea, espalda y culo mirando al cielo), casi sin protector solar (no porque no nos hubiéramos puesto, sino porque ahí no te dejan usar protector normal, tiene que ser biodegradable, y se degradaba demasiado rápido, según pudimos comprobar al llegar al hotel y ver nuestra piel). O sea, me quedó el culo como una flor! Jajajajajajaa. Pero el lugar es precioso de verdad. 5 horas de esnorquel, sumergidos en esas aguas cristalinas. No hicimos muchas fotos, estábamos demasiado entretenidos nadando y mirando.

 

 

Al día siguiente, miércoles, a Chichén Itzá y Valladolid. De Chichén no puedo decir nada, ya todos lo conocen. Ale flipó en colores cuando aplaudió frente a la pirámide y escuchó el quetzal respondiéndole.

 

En el cenote de los Itzá.
Después de estar unas cuantas horas escuchando al guía (daba gusto, sabía un montón, y nos contó unas historias interesantísimas), paseando y comiendo (y esperando a la lluvia, que al final, no llegó) nos paramos una media horita en Valladolid, un pueblo mexicano colonial no tan “turísitico” (¿existirá algo no turístico en Yucatán?).

 

Bancos “tú y yo” en la plaza de Valladolid. Para que las parejitas hablen sin hacer nada indecente (que aburrido, ¿no?).
El Gaditano de turista total.Para rematar la faena, a la vuelta al hotel, subimos a la crepería a comer panqueques y disfrutar de un batido, con la puesta de sol y los albatros acompañándonos.
Al día siguiente, jueves, era nuestro día libre. No cogimos ninguna excursión, para poder descansar un poco… Pero claro, eso de descansar iba a ser que no. Nos fuimos a Isla Mujeres (es decir, taxi hasta Playa del Carmen, bus hasta Cancún, furgo hasta Puerto Juárez y ferry hasta la isla. Y a la vuelta, al revés, claro). Creo que este día fue el que menos me gustó. La isla es verdad que tiene unas playas increíbles (basta ver la foto), pero está muy sucio todo. Latas tiradas por ahí, animales explotados para “disfrute” del turismo… No sé, está todo como muy deteriorado.
Alquilamos una bici para recorrer la isla.
Y, para desquitarnos, al día siguiente, el que creo que más me gustó. Cobá es otra ciudad maya, pero está en medio de la selva y muy poco reconstruida. Uno se da ahí idea de como tiene que haber sido llegar y verlo en el momento de su descubrimiento. En Cobá está la pirámide más alta de la península (42 metros) y a esta te dejan subir (todavía. Seguramente pase como con la de Chichén, que tengan que prohibirlo para poder conservarla). Las vistas desde ahí arriba eran indescriptibles. Selva, selva y selva, árboles, mariposas, pájaros… Eso sí, la subida cuesta, ¿eh? Los escalones son muy irregulares y, al no estar reconstruida, hay que andar con mucho ojo.
Y después, ¡algo de turismo activo! Nos llevaron a un lugar cercano a Cobá llamado Tankah. Es una reserva en medio de la selva, con un lago, cenotes, muchas plantas y animales. Es lo más selvático que vimos en México, yo creo. Había varias actividades para hacer, y lo primero que hicimos fue tirarnos por una tirolina. Yo, la verdad, no estaba muy segura de que me fuera a tirar, pero cuando vi lo suavecita que era, no me lo pensé más. Había dos, una de 92 metros y otra de doscientos y pico. Te daban un freno (el palo ese que tenemos en la foto), pero en la segunda no me hizo falta usarlo, porque ¡casi me quedo en medio del agua! Claro, no dije que las tirolinas atravesaban el lago. Pues eso, que al tirarme por la segunda me habrán dado poco empujón o algo, porque no llegué hasta el final. Me quedó muy poquito, apenas unos dos metros o así, ¡pero el tío que te ayudaba a frenar y bajar me tuvo que ir a buscar! Jajajaja. Después tenías que volver casi al punto de inicio por el lago, así que nos subimos con otra parejita a unos kayaks que tenían para tal fin y, mientras los chicos remaban, las chicas mirábamos y disfrutábamos del paisaje. ¡Hasta vimos una tortuga! Y un pájaro azul precioso, a ver si encuentro alguna foto de él. Y claro, después del duro esfuerzo de llegar al otro lado, un breve descanso en las hamacas, esperando que llegara el resto del grupo para ir a refrescarnos. ¿A una piscina? ¿A un lago? No, ¡a un cenote! El agua estaba fresquita, pero súper clara. Además, el techo no se había caído en todas partes, así que había una zona onda caverna, con nidos de golondrinas y de murciélagos. Y todo lleno de plantas por todas partes… Uf, buenísimo. Que bien, sacarse el calor de encima metiéndonos en un cenote. Increíble.
Jajajaja, como increíble fue también que Ale se había olvidado de llevar bañador y tenía puestas unas bermudas que, al mojarse, se transparentaban completamente! Por respeto al Gaditano no pongo la foto que le hicimos saliendo del agua, con un salvavidas tapando sus partes nobles. Cuando digo que se le transparentaba todo, es que realmente se transparentaba TODO. Jajajajaja.
Lo siguiente fue una comida preparada por los habitantes de esa aldea (mayas, nos dijeron). Arroz, guacamole, fajitas de pollo, frijoles… Todo muy mexicano. Y muy rico. Riquísimo. Y como bebidas había las de siempre (Coca-Cola, cerveza, agua, …) y una infusión (fría) de hibiscus (rosa china) que estaba deliciosa. Ah, y de postre, además de la fruta a la que ya nos habíamos acostumbrado (creo que nunca había comido tanta fruta como en estas vacaciones) había yuca (creo, no me acuerdo qué tubérculo era), que para darle algo de onda (no tenía casi ninguna, la verdad) se mojaba en azúcar moreno con pimienta y picante.
A punto de lanzarnos por la tirolina. ¡Esos son los frenos que evitan que te estampes contra el árbol al que está atado el cable! Si llegás al otro lado, claro, jajajaja.

¡Remen, remen, remen!A Ale le gustaron tanto las hamacas que se compró una para la casa de sus papás.Esto es vida…El cenote…… desvelando todos los encantos del Gaditano!
Al día siguiente nos tocaba ir a la reserva de Sian Kaan, pero Ale se puso malo de la panza y nos tuvimos que quedar en el hotel. Bueno, “se puso malo”… Hasta que vio a la doctora que vino a atenderlo a la habitación. En ese momento se le curó todo! Nah, la chica era guapísima y Ale se enamoró, pero estuvo malo de verdad, el pobre. Y mientras él volaba de fiebre en la habitación, yo aproveché a bajar un rato a la piscina, sin lamentar no haber ido a la Reserva de la Biosfera, porque nos habían comentado que estaba muy sucia, con latas y papeles por todas partes… Una pena como tienen la selva. Y ahora que quieren hacer un aeropuerto en Riviera Maya se van a cargar el resto de selva que tenían.
En fin, hora de hacer las maletas y tirar para España. El vuelo de vuelta fue muy tranquilito, nada digno de mención. Bueno, tal vez que estaba tan descolocada que no sabía si era lunes o domingo, pero me imagino que será normal.
¿Creen que las vacaciones terminaron ahí? Ni mucho menos. Todavía quedaba una semana entera, que ya contaré en otro post.