La buena acción del día (o la mala del año, según quien mire)

Esta mañana, cuando saqué a pasear a Stan, íbamos caminando por el camino de tierra por el que solemos ir, cuando Stan medio empezó a perseguir a un animal que estaba oculto entre la hierba. Pensé que sería una rata, o un pájaro, pero cuando pasé por ahí, unos ojazos azules me miraban desde una carita de gatita preciosa. No había visto nunca gatos por ahí, no sabía si estaban abandonadas (eran tres nenas) o si la madre andaría por ahí cerca. La cosa es que una de las gatas empezó a seguir a Stan. Yo iba con mi libro de Medio urbano, porque en época de exámenes hay que aprovechar todos los momentos para estudiar, pero esta vez lo usé para sentarme encima. Como estos últimos días estuvo lloviendo mucho, estaba todo embarrado, así que puse el libro en el suelo y me puse a jugar con la gatita. Stan no quería saber nada, estaba enojadísimo, indignado!, pero la loca se me trepaba por todas partes, mientras sus hermanas decían «miau, miauuuu». Total, que estuve como 20 minutos ahí, y de la madre, ni noticias. Así que, até a Stan para poder tener las dos manos libres, me doblé la sudadera (buzo), así, como haciendo una bolsa, y metí las tres gatas adentro, agarré a Stan, el libro y a duras penas, pude llegar a casa. Las guachas se me trepaban por todas partes, por los brazos, por los hombros, por la nuca… Yo tenía miedo que se me cayeran, pero al final, logré tocar el timbre para darle la (desagradable) sorpresa a mi papá y a Cacatúa (increíblemente, yo creí que se iba a alegrar de tener tres bebés!!!), mientras mi mamá les puso leche tibia en un cuenco y las dejamos en el lavadero, con papel de diario, mientras desayunábamos.
Cuando llevé a Cacatúa al lavadero para que viera a las cachorras (una blanca con manchitas naranjas y ojos azules, otras dos súper parecidas, negritas con pelitos naranjas y blancos, una con ojos azules y la otra, verdes), se quedó parada en el lugar, mirando, y después empezó a retroceder, caminando hacia atrás! y se fue, toda ofendida, a dormir a la cama de mi mamá.
Mientras desayunábamos, las nenas investigaron todo el lavadero. Se metían por detrás de la lavadora (lavarropas), se trepaban a la tabla de planchar… O sea, en confianza total ya las pibas.
Pero, claro, a mí me carcomía la duda, a ver si la madre las estaba buscando, y yo las había secuestrado! Total, que desayuné de prisa y corriendo y le dije a mi mamá que me acompañara al lugar donde las había encontrado, a ver si estaba la madre. Así que, otra vez para allá que nos fuimos las cinco.
De la madre, ni rastro. La posibilidad de traérnoslas a casa iba creciendo por momentos. Las otras, ajenas a todo el lío que habían armado, saltaban de roca en roca, se trepaban por nuestros pantalones, se dormían en nuestros hombros… Una hasta se me metió por adentro de la camiseta (remera)!!! Jajajajaja.
Pasadas unas dos horas, decidimos volver. Nos encontramos con un tipo que venía con un perro y nos dijo que hacíamos bien en llevárnoslas, porque si las agarraba un perro las podía matar. Nos quedamos un rato de charla, hasta que llegó otro hombre. No sé como se llama, pero lo conocemos de verlo todos los días cuando paseamos a Stan. Es un hombre del campo (muy cerca de donde él tiene las vacas fue donde encontré a las gatas), que vive cerca de la casa de la cultura de Guadarrama. Fue ver a las gatas y ofrecerse a quedarse con una o dos. Mi mamá y yo estábamos contentas (bueno, yo tenía la esperanza de quedármelas, son tan lindas!!!). Entró en su casa a buscar algo donde poder llevar las gatas, y cuando salió dijo que si queríamos, se quedaba con las tres, que él tenía mucho terreno y que le encantaban los animales. Así que, se quedó con las tres nenas y volvimos parte del camino hablando de libros, de lo mal que está el mundo, con tanta violencia y tal, y de lo cariñosos que son los animales.
Total, que tres horas después de encontrar a las gatas, les encontramos una casa. El más contento, mi papá, que ya se veía con cuatro gatas en casa. Yo, contenta en parte, porque las gatas habían encontrado casa, pero un poco triste de que no fuera la mia.
Al rato de estar en casa, empezó a diluviar, así que creo que las gatas tuvieron un montón de suerte de como fue la mañana.