Viaje por mi cumple

El 29 de marzo que cumplí 27 años, mi novio me despertó sorprendiéndome con el mejor regalo de todos: ¡nos íbamos a Donostia! El coche estaba a punto, había ahorrado un dinero para darme el gustazo (estoy enamorada de esa ciudad) y el tiempo… Bueh, el tiempo no lo habíamos tenido en cuenta, pero ya volveré sobre ese punto. Saliendo de Málaga rumbo a Madrid, donde íbamos a pasar la primera noche, el coche soltó un aviso y hubo que llevarlo de urgencia al mecánico. Ale se pasó toda la tarde en talleres, nadie quería aceptar un coche sin cita a menos de un día de la semana santa. Pero por fin lo logró y, con un día de retraso, nos fuimos para el norte. Ahí descubrimos que el tiempo nos iba a joder las vacaciones, se tiró lloviendo todos los días, pero no importaba porque ¡¡¡nos íbamos a Donostia!!!
El primer día salimos de Madrid rumbo Iruña (Pamplona), donde íbamos a pasar la primera noche, en un camping cercano… Paramos a comer en Burgos una tortilla que hizo mi mamá, disfrutando del solecito a las orillas del Arlanzón y seguimos viaje. Después de viajar y recorrer Vitoria a fondo, llegamos a Pamplona, descargamos la tienda y… ¡¡¡Me había dejado los palos de sostén en Madrid!!! Pobre Ale, la armó como pudo, inflamos el colchón y a dormir. ¡Que frío que pasé! A la mañana siguiente nos fuimos para San Sebastián, paseamos, sacamos miles de fotos… Que lindo es San Sebastián.
Yo no me quería ir de ahí, pero
Roncesvalles estaba muy cerca, y Ale lleva con ganas de hacer el camino de Santiago desde ahí desde que lo conozco, así que para allá nos fuimos… Nos fuimos con lluvia, llegamos con nieve. Estaba todo blanco, los Pirineos navarros son preciosos.
Estábamos tan cerca de
Francia que nos llegamos a la frontera (y, sin quererlo, la atravesamos). Finalmente tiramos para Pamplona otra vez (compramos una caseta y un saco de dormir para mi, esta vez, así que no tuvimos problemas). Pasamos por unas hoces preciosas (Foz de Lumbier), un viejo recorrido de tren que se habilitó para pasear por al lado de un río con unos paredones impresionantes alrededor. Nuestro itinerario continuó hacia Javier, Leyre y Sangüesa.
No podía irme de Navarra sin pasar por
Olite, ciudad medieval que conserva un castillo de cuento de princesas.
Llegamos a
Zaragoza después de pasar la noche en un camping de mala muerte, perdido en el medio de la nada. Nos despertamos a la mañana siguiente y ¡estaba todo blanco! Había nevado por la noche. Prueba de fuego para la caseta y saco de dormir. Ni me enteré. Nos fuimos corriendo de ahí, porque el tío del camping cuando llegamos no estaba y nos iba a pasar a cobrar por la mañana, jejeejeje.
El Ebro estaba a punto de desbordarse. De echo, en una parte de la carretera tuvimos que pegar la vuelta porque estaba el río no nos dejaba seguir. En la capital de Aragón nos encontramos con el primo de Ale, subimos a la basílica del Pilar, nos maravillamos con su catedral…
Hay muchas cosas para ver en España, la verdad. Hasta que no las vea todas, ¡no me voy para Argentina! Jejejejeje. Pero todo lo bueno tenía que acabar, y volvimos para Madrid con un palizón encima (cinco días dando vueltas por el norte). Fue un lindo viaje. Ojalá vuelva pronto a Donostia.

Burgos:

Donostia (San Sebastián):

Iruña (Pamplona):

Francia: Ale no quería cruzar a Francia, sino llegar sólo a la frontera. Le gusta concentrarse en un lugar cuando va de viaje, y no abarcar muchas cosas y no ver ninguna en realidad.

Foz de Lumbier:


El Ebro en todo su esplendor a su paso por Tudela:


Zaragoza: